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El futuro de la educación en el Paraguay
El futuro es imperfecto. La verdad es que el futuro perfecto se da solamente en la gramática al conjugar los verbos y en la imaginación de los optimistas radicales. Es imperfecto e inseguro, sobre todo porque vivimos la era de las incertidumbres. Por eso el futuro puede ser un horizonte de auroras doradas o amenaza de tiempos oscuros y tormentosos. Pero lo más cierto es que nuestro futuro depende fundamentalmente de nosotros y está fuertemente condicionado por nuestro presente. Y esto es lo inquietante.

Si nuestro contexto general no cambia rápidamente, el futuro deseable será sólo un sueño. En un contexto político como el que venimos viviendo y padeciendo desde hace décadas, la educación no tiene futuro. En un contexto socioeconómico como el presente, en el que crece el número de pobres y la pobreza de las mayorías, la educación tampoco tiene futuro. En un contexto moral, de tan alto nivel de corrupción e impunidad, no hay futuro para la educación. En un Estado prebendario y con confusión de poder entre los poderes del Estado, tampoco habrá futuro promisorio para la educación.

Más. Si las universidades no se reforman sustancialmente y si las familias siguen debilitándose, es muy difícil que la educación tenga un buen futuro.

Al menos por dos razones, porque quien educa es básicamente toda la sociedad y porque la educación es parte del sistema nacional y si el sistema no funciona, no puede funcionar la educación. La experiencia nos confirma en estas convicciones.

La primera condición para garantizar un futuro digno y razonable a la educación es la urgente superación de las crisis y debilidades profundas de nuestro presente. Porque el futuro tiene sus raíces en el presente. No basta la reforma de la educación, sobre todo cuando esta se asfixia agobiada por nuestro problemático contexto presente. Para asegurar el futuro, necesitamos la reforma del Estado, la reforma política, la reforma económica, la reforma moral, la reforma de las universidades y la reparación de la familia. La educación, como dijimos desde el primer balbuceo de nuestra reforma, es asunto de todos.

Pero no cabe duda que en la construcción del futuro de la educación, los educadores tenemos una especial responsabilidad, porque es lo nuestro y lo que la sociedad nos ha confiado para que nos ocupemos de hacerla buena y garantizar su calidad para los niños, niñas, adolescentes y jóvenes actuales y futuros.

En una brillante conferencia, organizada por la editorial Santillana, que acabamos de gozar escuchando a Juan Ignacio Pozo en la Universidad Nacional, el catedrático español nos decía con humor e ironía que el gran problema de la educación está en que "con contenidos del siglo XIX y profesores del siglo XX, queremos educar a niños del siglo XXI". Para educar en el presente tenemos que superar deficiencias profesionales de dos siglos, obviamente si además queremos preparar el futuro esa rémora bicentenaria tiene que ser urgentemente removida.

Según algunos investigadores y analistas, el 90% de lo que los niños, niñas y adolescentes actuales van a necesitar saber y van a usar en sus vidas, todavía no ha sido producido. Pero entretanto, nuestras instituciones educativas y nosotros como educadores, creemos que los estamos preparando para su futuro, ofreciéndoles disciplinas que en su mayoría fueron establecidas hace cien años.

No hay esperanza de futuro si los educadores todavía, en nuestro presente cibernético, seguimos dando la espalda a las tecnologías de la información y la comunicación, si pensamos que se puede educar ignorando la informática, si trabajamos como si no estuviéramos ya inmersos en la sociedad de la información y del conocimiento.

No hay esperanza de futuro si prescindimos del necesario desarrollo científico y nosotros mismos carecemos de los elementos básicos de la cultura y el pensamiento científicos.

Es posible preparar el futuro, es decir, instalar la educación y el sistema educativo que necesitan los hijos y los nietos, pero el futuro deseado no llega solo; como la cosecha de cualquier grano o fruto requiere la siembra puntual de la semilla. O acometemos en serio las reformas de nuestro problemático contexto y nos actualizamos o el futuro de la educación será dramático.

jmontero@conexion.com.py

J. Montero Tirado

Fuente: Diario ABC Color 09/10/06