Mucho se habla y se propone
en los debates nacionales sobre cómo
debe ser la moderna universidad nacional
o pública en estos tiempos
de crisis y de cambios. Se hacen profundos
análisis sobre la reforma y
sesudas reflexiones acerca de la investigación,
y las teorías tradicionales
y modernas de los enfoques científicos.
Reconociendo la validez de tales reflexiones,
sería, no obstante, muy oportuno
dirigir la mira hacia otro foco y
hacer cuestionamientos básicos
como ¿qué cosas se deben
cambiar? y ¿quiénes
serán los protagonistas del
cambio?
Partamos del hecho elemental de que
el cambio, en el ámbito que
fuese, siempre implica una transformación
de la mentalidad del grupo humano
que conforma la sociedad comprometida.
El cambio hacia la construcción
de una nueva universidad moderna,
democrática, con excelencia
académica y pertinencia social
debe construirse desde las bases,
y de abajo hacia arriba. No se puede
decir: “Bien, a partir de ahora
cambiamos de lugar y nos ubicamos
en la excelencia. A la voz de tres:
1, 2, 3, Ya!”. Suena jocoso,
pero para alcanzar la tan soñada
y esperada calidad académica
tiene que haber un cambio de rumbo,
un giro de 180 º. Y el camino
que se abre es amplio y prometedor
pero arduo, áspero y difícil;
caminarlo va a requerir mucho más
que solamente buena voluntad. Es este
un desafío que la universidad
contemporánea está enfrentando,
tanto las universidades públicas
como las privadas.
¿Y qué es lo
que se debe cambiar?
Es hora de prestar una mayor atención
a cambios que se traduzcan en un mejoramiento
de la educación universitaria.
En primer lugar, deben ir operándose
transformaciones renovadoras en el
viejo paradigma de la universidad
tradicional. Aun cuando de un tiempo
a esta parte se han realizado grandes
esfuerzos por mejorar la Universidad
Nacional -a partir de la Declaración
de Quito 1 y con posterioridad a las
recomendaciones puntuales para la
educación superior en el Paraguay,
realizadas por expertos nacionales
y de la Universidad de Harvard- no
se puede desconocer que todavía
falta mucho por hacer. A más
de una década de esas recomendaciones,
se observan logros importantes como
la descentralización y regionalización
de la Universidad Nacional con la
creación de las universidades
nacionales de Pilar, Encarnación,
Ciudad del Este y otros centros de
formación en ciudades importantes
del territorio nacional; otras acciones
propuestas incluían: “aumentar
los fondos, promocionar la búsqueda
de conocimientos, promocionar la igualdad,
mejorar la eficiencia, establecer
enlaces internacionales”, etc.,
pero el proceso de su concreción
es muy lento y se ha avanzado muy
poco.
Los fines de la Universidad
Nacional
Los fines universales fundamentales
de la educación superior son:
la formación integral y profesional,
la investigación, la extensión
universitaria, y la consideración
académica de la problemática
nacional. En enero del 2005, al revisar
y analizar la Ley 136/93, la Asamblea
Universitaria aprobó el Nuevo
Estatuto de la UNA, que enfatiza los
fines de la Universidad Nacional:
a) el desarrollo de la personalidad
humana inspirada en los valores de
justicia, democracia y libertad; b)
la enseñanza y la formación
profesional superior; c) la investigación
en las diferentes áreas del
saber humano; d) el servicio a la
comunidad en los ámbitos de
su competencia; e) el fomento y la
difusión de la cultura universal
y en particular de la nacional; f)
la extensión universitaria;
g) el estudio de la problemática
nacional.2 Maravillosa formulación
de objetivos, aunque al analizar en
profundidad el verdadero y actual
funcionamiento del sistema universitario
encontramos que la preocupación
principal se centra casi exclusivamente
en el punto b) la enseñanza
y la formación profesional
del educando, mientras se dejan relativamente
de lado los demás, con lo cual
se pone en evidencia que todavía
estamos lejos de establecer vínculos
importantes con el desarrollo nacional,
con el desarrollo de la investigación
pura o aplicada, y con el desarrollo
de políticas de extensión
y servicio a la comunidad.
Está claro que los fines mencionados
tienen que ver con la calidad de la
educación superior y que cada
uno de ellos debe ser tenido en cuenta
como de primera prioridad, asignando
al estudio de la problemática
nacional un rol preponderante, debiendo
funcionar como el eje transversal
que relacione y vincule los demás
fines entre sí. El conocimiento
y la comprensión de la problemática
nacional son esenciales para poder
contribuir al bienestar del pueblo.
Investigación y extensión
universitaria
Investigación y extensión
son dos conceptos que recién
desde hace muy poco tiempo están
ganando relevancia en la educación
universitaria en nuestro país,
si bien algunas pocas facultades,
como Medicina, Odontología,
y Servicio Social realizan acciones
oficiales vinculadas con la salud
pública. Vale la pena recordar
que a fines de los años sesenta
y principios de los setenta, hubo
un movimiento universitario independiente
denominado SEU (Servicio de Extensión
Universitaria), integrado por estudiantes
de las carreras de Medicina, Ingeniería,
Servicio Social, Arquitectura, Odontología
y otros, que llevó a cabo importantes
acciones puntuales de extensión
y servicios, llevando al medio rural
los conocimientos y experiencias adquiridos
en la universidad, que se traducían
en atención médica y
odontológica, servicio social,
construcción de letrinas, y
hasta diseño y construcción
de puentes, solventando los gastos
por medio de la autogestión.
La investigación pura para
crear nuevos conocimientos o ampliar
los existentes, y la investigación
aplicada para dar soluciones prácticas
deben ser fomentadas en la Universidad
Nacional. Los institutos con que cuenta
cada facultad deben apoyar los proyectos
de investigación de calidad.
Uno de los retos más nobles
de la universidad debe ser la extensión
universitaria, para brindar a la comunidad
acciones inmediatas dentro de un proceso
a mediano y largo plazo, a partir
de la enseñanza y la investigación.
Para incentivar la investigación
entre los profesores, todas las facultades
deben incluir más posiciones
docentes a tiempo completo, como ya
ocurre, por ejemplo, en Medicina y
Odontología. También
los trabajos finales de grado de los
estudiantes constituyen proyectos
de investigación muy interesantes,
muchos de los cuales se podrían
orientar hacia la solución
de problemas reales a fin de que los
alumnos adquieran mayor responsabilidad
e interés en la investigación
y en la extensión. Inculcar
responsabilidad consecuente con los
fines es una prioridad.
Reforma universitaria
La actual reforma de la educación
superior pública es un proceso
que exige que los nuevos aires que
van a llenar los espacios universitarios
estén impregnados de los conceptos
de democracia, libertad, igualdad,
equidad, participación, responsabilidad
y valores. Todos los sectores que
integran la universidad -cuerpo docente,
estudiantes y administrativos- deben
participar con una visión más
amplia y realista del cometido total
de la universidad, desarrollando además
un fuerte concepto de comunidad sin
el cual no será muy fácil
lograr los objetivos propuestos. Cada
facultad necesita de una gran fortaleza
interior, fortaleza que se ha venido
debilitando a causa de las desuniones
internas y que urgentemente debe ser
restituida. Estamos –¡por
fin!– entrando en la etapa en
que la acción va a reemplazar
a la retórica, y donde la investigación
y la extensión serán
herramientas importantes para desarrollar
diversos tipos de servicios para el
bienestar de la comunidad, para establecer
coherencia con el objetivo de pertinencia
social de la universidad. 3 La reforma
implica que la universidad tradicional
abandone su torre de marfil y se constituya
en una institución comprometida
con su realidad social y conocedora
de sus necesidades. Y esto ya no debe
postergarse, tiene que ocurrir ahora.
En el cierre del 4º Congreso
de las Universidades Públicas
del Paraguay, al referirse a la dinámica
de las universidades, la Dra. Ana
Lucía Almeida citó a
san Agustín al decir : “El
tiempo no existe… sólo
el hoy. El presente de las cosas pasadas
es la memoria; el presente de las
cosas presentes es la acción,
y el presente de las cosas futuras
es la esperanza ”. 4 Vale decir
que en el presente de las universidades
públicas, debemos buscar nuestro
futuro. Increíblemente, hoy
cobra inusitada actualidad aquel viejo
grafiti escrito en una gastada pared
de la Facultad de Arquitectura de
la UNA por un universitario contestatario,
en los difíciles años
de la pasada dictadura: “Construyo
mi presente con la experiencia del
pasado y con la esperanza en el futuro”.
Recién con la concreción
de los fines de la Universidad Nacional,
la excelencia académica, la
investigación, la pertinencia
social y la extensión dejarán
de ser una utopía en el Paraguay.
1 Conferencia Mundial sobre Educación.
Quito, diciembre 1999.
2 Estatutos de la Universidad Nacional
de Asunción. Artículo
2º.
3 Puntos d, f y g sobre los fines
de la Universidad Nacional.
4 Dra. Ana Lucía Almeida Gazzola,
directora de IESALC en el cierre del
4º Congreso de Universidades
Públicas del Paraguay. 21-22/9/06.
Centro de Convenciones- UNA. Campus,
San Lorenzo.
Sofía Gill de Escobar;
Arquitecta y docente de la Facultad
de Arquitectura UNA
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