Los maestros
consideran improcedente la construcción
de estos colegios, cada uno de los cuales
costaría unos dos millones de dólares
(otorgados por el BID, en condiciones particularmente
beneficiosas, y dirigidos exclusivamente
a ese objetivo), dada la carencia de aulas
suficientes para alojar a todos los niños
del país, muchos de los cuales ni
siquiera disponen de un lugar escolar o
un maestro presupuestado.
En concreto, el planteamiento es que con
esa misma suma se podrían construir
800 aulas modestas y cubrir el vergonzoso
faltante.
La exigencia de las aulas es válida,
como lo es la de caminos transitables o
los dispensarios públicos en muchísimas
poblaciones del país.
El tema es que el préstamo del BID
está dirigido a un determinado proyecto
de desarrollo que pasa por dotar de educación
pública de nivel internacionalmente
competitivo. Del mismo modo que de pronto
nos otorgan un crédito para concluir
la ruta Transchaco, que no puede ser derivado
a la apertura de 20 tape po’i, u otro
para la culminación del nuevo Hospital
de Clínicas, que no podemos usar
para instalar 50 enfermerías dispersas
por el territorio nacional.
Los "paraísos socialistas"
han aplicado modelos de estandarización
de sus sistemas educativos y de salud, y
si tomamos el ejemplo de la Cuba castrista,
podemos considerar que han tenido éxito
en la lucha contra el analfabetismo e incluso
en lo que hace a educación superior
e investigación, pero tras cuarenta
años de políticas nacionales
rigurosamente orientadas hacia esos campos,
no por la ocasional opción entre
tres colegios modelo (cuyo financiamiento
de otro modo no recibiríamos ) y
40 escuelitas con ventana balancín
y escusado.
El reclamo podrá ser un paradigma
de justicia e igualdad; solo que la balanza
va a estar ajustada en el siglo XVIII.
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Pepa kostianovsky