Esas creencias,
deducciones, visiones y convicciones son
muy difíciles de desmontar. Y se
convierten en resistencias y dificultades
mentales para la comprensión de los
conocimientos científicos, más
aún cuando se trata de conocimientos
nuevos a partir de nuevas y mejores interpretaciones
científicas de la realidad. La nueva
visión que actualmente tenemos del
átomo y sus componentes, para citar
un ejemplo, invalida creencias y visiones
que hasta hace poco estaban vigentes y que
todavía muchos profesores siguen
enseñando.
Los planificadores de la
educación tienen que revisar las
metas que se vienen proponiendo para la
necesaria educación científica.
Si la educación científica
debe introducirse desde la educación
inicial, hay que proponerse como meta
la correspondiente formación científica
de las maestras y maestros de educación
inicial. Con la misma lógica y
con más razón hay que replantear
la formación de los educadores
profesionales de toda la educación
escolar básica y más aún,
como es obvio, de las profesoras y profesores
de bachillerato.
Una meta que hay que exigir
y alcanzar urgentemente es la meta de
la formación y capacitación
de los formadores de todos los Institutos
de Formación Docente, especialmente
de los formadores que son profesores de
ciencias en dichos institutos. El 26 de
diciembre pasado publiqué en esta
misma columna del diario ABC una información
que parece increíble y que demanda
reacción y solución inmediata.
Me refiero al hecho, dado a conocer por
el CONEC, que "el 77% de los Institutos
de Formación Docente no cuentan
con docentes con perfil académico
en Física, el 76% en Química,
el 61% en Inglés, el 58% en Ciencias
Naturales y Matemáticas, el 46%
en Trabajo y Tecnología"...
etc.
¿Cuál y cuánta
será la formación y capacitación
que tienen la mayoría de los maestros
y profesores de ciencias en ejercicio
de la profesión que han sido formados
en estas ciencias por profesores/formadores
no profesionales ni titulados académicamente
en dichas ciencias? La meta urgente está
clara, poner al frente de tales cátedras
de Formación Docente a profesionales
titulados y competentes en esas respectivas
ciencias. Y seguidamente reparar la falta
de formación de los profesores
de ciencias que no han sido formados adecuadamente
y están en el ejercicio de la educación,
repartidos por todas las instituciones
educativas del país.
Esta formación de
los profesores de ciencias incluye la
formación actualizada, que revise
incluso ciertos criterios de enseñanza
y evaluación. Es frecuente encontrar
profesores de ciencias y matemáticas,
que consideran que un alto número
de alumnos aplazados en sus aulas es un
indicador de la calidad y buen nivel de
exigencia en su docencia. Según
una investigación, de Alonso, Gil
y Martínez y Torregrosa, hecha
en España (1995) y aplicable a
nuestro profesorado, casi el 90% de los
profesores de Física y Química
está convencido de que en su materia,
una evaluación adecuada es aquella
que "aplaza" a la mitad de los
alumnos.
Entre las metas de la educación
científica tenemos que destacar
también la meta de mejorar cualitativamente
el modo de enseñar las ciencias,
incluyendo una metodología que
ayude a los alumnos a pasar comprensivamente
del conocimiento cotidiano al conocimiento
científico. Esto supondrá
diversas estrategias, entre las que conviene
destacar la estrategia de enseñar
a pensar, ayudando a los alumnos a poder
pasar del pensamiento concreto al pensamiento
formal, (para decirlo en términos
de Piaget), y desde el pensamiento formal
poder llegar al aprendizaje del pensamiento
científico.
Sin el logro de estas metas no habrá
desarrollo científico y sin desarrollo
científico será muy difícil
o imposible salir del subdesarrollo general.
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J. Montero Tirado