En lo que respecta a la
investigación científica,
se deja entrever que el concepto se refiere
a la participación de la universidad
en temas de la sociedad. En esta visión
existe una responsabilidad social de la
universidad, como decía Bok más
allá del concepto humboldtiano
de la torre de marfil y esto es positivo.
En las universidades de investigación
del Tercer Mundo, algunos problemas o
carencias de la sociedad pueden ser atractivos
como temas de estudio para los investigadores
porque al estar íntimamente ligados
a lo cultural o ecológico pueden
representar nichos de investigación;
es decir, áreas de estudio casi
monopólicos que existen solamente
en esos dominios y que facilitarían
la competitividad internacional de estos
proyectos. Muchas veces estas evaluaciones
investigativas por la misma naturaleza
de representar segmentos olvidados o fósiles
de la historia pueden ser sencillas y
descriptivas u observacionales, de menor
costo, menos dependiente de la alta tecnología
reciente, y presentarse como temas iniciales
preferidos de estudio.
Al mismo tiempo,
ser útiles inmediatamente a la
comunidad. Sin embargo, en nuestra universidad
no existe tradición, volumen ni
rigor mínimo adecuado de investigación,
y los temas modernos, aun aquellos definidos
en la estructura de estos nichos, verdaderas
oportunidades de investigación
original, no son del interés de
sus docentes. Querría creer que
esto se debe más que a una imposibilidad
intelectual, a una falta de ambientes
académicos y de dedicación
bien rentada, priorizando nuestros sacrificados
docentes su sobrevida económica
y postergando las actividades reflexivas
que requiere la autoexpresión (Ingelhart).
Pertinencia a un solo dominio
Pero lo que oculta
en el fondo este concepto de pertinencia,
como lo entienden algunas autoridades
educacionales, podría preocupar
si pretende restringir los dominios de
estudio investigativos a una entelequia
temática de tinte sociopolítico
más que científico, que
solo ellos parecen haber nacido con el
don especial de conocer. Esta visión
determinista definiría al área
de acción de la universidad solamente
a ciertos ámbitos. Lo más
grave es que está en contra de
lo más sagrado de la universidad,
que es la libertad intelectual de elegir
sin dirección los temas de investigación.
Es una seria mala
interpretación epistemológica
del fenómeno del descubrimiento
científico que fundamentalmente
es apriorístico y altamente personal
(Popper). Si los administradores del Estado,
de los ministerios o de la universidad
ya conocieran de antemano los temas de
investigación, tendrían
que ser ellos los investigadores ¡y
ya no se necesitarían otros investigadores
para crear y testar hipótesis!
Un área de debate de actual en
las políticas de investigación
se relaciona a la pretendida posibilidad
de dirigir la investigación científica
hacia objetivos predeciblemente útiles
o ligados al desarrollo inmediato. Pero
¿es acaso posible restringir la
generación de conocimientos y producir
resultados prácticos con ganancias
sociales o económicas, y al mismo
tiempo evitar las búsquedas que
no conduzcan a estos logros? La mayoría
de los científicos no lo creen,
porque requeriría de una habilidad
profética de predecir lo que va
a ser útil y lo que no. Es tautológico
asumir que la investigación científica
pueda ser estratégicamente dirigida
a fines particulares. Ello implicaría
un conocimiento de los misteriosos mecanismos
de la innovación y el descubrimiento,
y anticipar sus resultados.
Notoriamente muchos
políticos, economistas e intelectuales
humanistas sin vivencias de verdadera
investigación científica
lo creen así. Pero la realidad
es que la investigación es un fenómeno
complejo que depende de muchas variables
y su comportamiento es mejor descrito
por la teoría de la complejidad.
Los caminos que llevan a las innovaciones
útiles o deseables son tan impredecibles
como la estimación de la severidad
de las tormentas (Moskovits). Las políticas
de investigación deben focalizar
en la identificación y apoyo a
los científicos talentosos y no
basarse en planificaciones de supuesta
prioridad estratégica. Quien no
comprenda estos conceptos no podrá
ayudar a la introducción de la
ciencia en el Paraguay. Creo que el universo
es la pertinencia de la universidad y
no solamente su pequeño milieu
social.
Con estos conceptos,
nuestros países no saldrán
del atraso, no podrán ver más
allá de sus problemas de hoy (Perez
Tamayo). La libertad de investigación
es en su universalidad, donde crea los
nuevos paradigmas y la nueva riqueza intelectual
y económica de los países.
Safaris culturales
Algunos organismos
internacionales nos descalifican de esa
posibilidad y nos circunscriben a esa
pertinencia focalizada, porque ellos creen
con sinceridad que solamente eso, nosotros
estamos dotados para hacer. Veo estas
ideas como colonialistas que relacionan
y circunscriben nuestra educación
a la cultura ancestral.
Estas ideas son aclamadas
por los nacionalistas retrógrados
que abundan en nuestros países.
Muy bueno el concepto para quienes querrían
ver nuestras primitivas sociedades intactas
a los efectos del temido y destructor
progreso que denigran en sus escritos,
pero disfrutan en su diario quehacer.
Que permanezca el Tercer Mundo como un
gran museo exótico para el regodeo
de safaris culturales de sofisticados
turistas de Harvard y La Sorbonne.
Pero el tema es qué es lo queremos
nosotros, ¿un cambio o deseamos
permanecer en nuestros atávicos
nichos? No comparto que la pertinencia
así entendida sea central en la
elaboración de la reforma universitaria.
Creo que primero debe construirse una
universidad moderna. Su temática
no es importante; el concepto de la universidad
de investigación es más
importante que apagar incendios sociales.
La nueva universidad enriquecerá
culturalmente a nuestro país y
ayudará a la formación total
de los ciudadanos para que sean versados
en las herramientas intelectuales para
resolver los más variados problemas
de hoy y mañana.
Dr.
Antonio L. Cubilla