¿Se
puede hacer la reforma de la educación
sin la reforma del pensamiento? Las novedades
de la reforma no se pueden afrontar con
el modo pasado de pensar, requieren también
el cambio a nuevas formas de pensamiento,
es decir, la reforma de la educación
requiere también la reforma del pensamiento.
Ha sido un acierto de la
"propuesta" de la reforma de
la educación plantear el currículo
y la búsqueda de los conocimientos
con un tratamiento por áreas, en
vez de un desarrollo por "asignaturas"
o "disciplinas". Es para lamentar
que la "propuesta" no se esté
realizando en la mayoría de las
instituciones educativas. Las dificultades
administrativas, la costumbre de las profesoras
y profesores de explicar su materia segmentada
de las demás (incluso de las que
le son esencialmente afines), la no preparación
de la mayoría de los profesores
para superar dicha segmentación
y trabajar en equipo con los colegas de
la misma área, la falta de textos
adecuados, etc.... están frustrando
el proyecto de la reforma.
Las conquistas de las ciencias, especialmente
desde los descubrimientos de la microfísica,
la termodinámica y la microbiología,
han desmontado los principios que mantenían
el valor del pensamiento segmentado.
Se ha comprendido que el principio del
orden en la naturaleza no es absoluto,
sino que tiene que dejar espacio al principio
del desorden (caos) y reconocer a los
dos como complementarios. El principio
de segmentación que promovió
Descartes ha sido superado definitivamente,
por ejemplo, por la biología molecular
o la genética, que han nacido en
la frontera de la química y de
la biología, en una especie de
"tierra de nadie". Y, para abreviar,
digamos que de modo parecido han quedado
superados el principio de reducción
y el principio del valor de la lógica
clásica, cuatro principios que
sustentaban el valor del pensamiento segmentado.
A todo esto se une la comprobación
de que el todo es algo más que
la suma de las partes. Lo que quiere decir
que el todo tiene un cierto número
de cualidades y de propiedades que no
aparecen en las partes cuando estas se
encuentran separadas. Según sea
la forma en que se organizan las partes,
aparecen cualidades y propiedades propias
de ese conjunto, distintas de las que
estaban en cada una de las partes. Una
casa construida es algo muy distinto y
mucho más que la suma de piedras,
hierro, cal, cemento, ladrillos, tejas,
puertas, ventanas, tuberías, cables
y pinturas, que pueden acopiarse en un
almacén de materiales de construcción.
Edgar Morin explica esto con mucha claridad
poniendo el ejemplo del agua. El encuentro
de dos átomos de hidrógeno
y uno de oxígeno gaseoso convierte
a los dos en el líquido agua. Es
evidente que las cualidades y propiedades
del agua son propias y diferentes de las
que tienen el hidrógeno y el oxígeno
aisladamente. Estudiar el agua analizando
separadamente el hidrógeno y el
oxígeno no nos llevaría
a conocerla. Es lo mismo que sucede si
estudiamos la biología independientemente
de la química o la economía
de un pueblo independientemente de su
geografía y su historia.
La realidad no es simple ni suma de partes
simples. La realidad es compleja y conocerla
en su trama e integridad no se logra con
un pensamiento simple y lineal, requiere
el pensamiento complejo, que abarque la
complejidad de las cosas.
Si queremos un conocimiento auténtico
y pertinente de la realidad, tenemos que
reunir, contextualizar, globalizar nuestras
informaciones y saberes, procesarlos juntos
en nuestras mentes y, así, mediando
el pensamiento complejo, buscar consecuentemente
el conocimiento complejo.
La reforma de la educación supone
aprender a pensar complejamente la complejidad
de las cosas. Seguir pensando y enseñando
separadamente las partes de la realidad
por ciencias segmentadas nos dejará
a las puertas del conocimiento, y la reforma
de la educación, con sus esfuerzos
y costos, habrá sido inútil.